Percepciones

A veces, cuando escribo, me dejo enredar por el viento, y escucho su voz que, por detrás de los cristales, me suena a gaita o, dependiendo del día, a tambor. Le oigo tatarear conocidas canciones infantiles y juraría, juraría, que su voz se parece con la de la abuela…

A veces, cuando escribo, mis ojos regresan a un pasado distante (cosas de gente que escribe, digo yo) y me asomo por encima de las ramas más altas de los pinos, para ver si ellos me acunan las ideas, o me las zarandean.

A veces, cuando escribo, pienso que el viento (sí, ese que nos alborota los cabellos), cabalga mundo afuera sobre el lomo de las palabras, e imagino que la Internet es una brisa que se transformó en tecnología: un vendaval de palabras que palpita emociones sobre la tela de un computador.

Algunas de esas voces nos llegan desde “el confín del mundo”y nos cuentan los sentimientos de personas como Carmen González Casal, una langreana que vive en Australia. Otras nos rebotan desde nuestro propio país y nos relatan las añoranzas de Antonio, un chaval brasileño que vive en Barcelona.

Hay voces juguetonas, nostálgicas, familiares, viajeras, globales…

Las hay que traducen sentimientos de amor eterno por la tierra de origen, y aún las que destilan la pesadumbre de los que, posiblemente, un día descansen cobijados por la tierra de un otro lugar.

Pero las hay también mordaces, rabiosas, angustiadas, perdidas, punzantes.

Quizás por eso, a veces, cuando escribo, me visto de silencio y soledad, para oír mejor el ritmo intermitente de los corazones emigrantes. Intuir el significado de un suspiro o la intención de aquella palabra que jamás salió de la boca.

Y si para navegar a través de la intuición es necesario penetrar los caminos del silencio, para descifrar el amasijo de sentimientos contradictorios que habitan un corazón emigrante, es necesario entender el significado que esconde una sonrisa sazonada en lágrimas.

Es difícil percibir el lenguaje encerrado por detrás de la mirada que nos atraviesa como a una sombra, y se pierde, o se encuentra, en los recuerdos guardados en aquel baúl mágico, que mantenemos amarrado a las raíces del pedazo de tierra, en donde aprendimos a dar nuestros primeros pasos.

Tan difícil, que a veces, cuando escribo, visualizo las impresiones almacenadas en el telón de la memoria y transformo en palabras lo que veo. Otras veces, recorro apenas un laberinto de emociones, no siempre mías, que mis dedos transforman en pensamientos, en sentimientos, en imágenes, en palabras…

El estopín creativo, en esta ocasión, fue el programa de TVE “Camino a casa”, donde ciudadanos españoles, emigrados a diferentes países del planeta, nos cuentan sobre esa España que “les obligó a emigrar, para que los que se quedaban pudiesen comer”, y como era la sensación de miedo, de ansiedad, de inseguridad e, incluso, de esperanza, que les descomponían las tripas, cuando los barcos donde viajaban atracaban en el país de acogida.

A Brasil llegaron centenas de españoles e italianos, contratados para sustituir la mano de obra esclava. No es mi intención realizar un estudio sociológico sobre la situación en la que se encontraba ese país, tras la proclamación de la Ley Áurea, que transformó millares de esclavos negros en “ciudadanos” libres, analfabetos, desempleados, desubicados, sin casa, sin comida, y sin patrón.

Y mientras las calles de las principales ciudades brasileñas se llenaban de ex esclavos que ni tenían, ni sabían a donde ir, en los puertos españoles e italianos, millares de familias partían en busca de pan y esperanza.

El barco entraba en el puerto de Santos. Los capataces de las plantaciones de café esperaban en el muelle. Del barco, salían directo para el carromato que los transportaba a los campos de café.

Trabajaban durante años para pagar el pasaje y la comida, que compraban en las tiendas del hacendado.

Los más jóvenes, cuando podían, huían para las ciudades. La mayoría esperaba hasta saldar la deuda, por temor a posibles represalias o repatriaciones.

Los hubo, digamos, más afortunados, que trabajaban de día y, por las noches, aprendían un oficio. De ellos, unos pocos consiguieron posición social y fortuna. Pero, aún existen muchos españoles pobres y olvidados, en Brasil o en otros países de Latinoamérica.

El sueño de hacer la América y regresar como indiano, para muchos fue apenas eso, un sueño.

A veces, cuando escribo, rememoro las historias individuales, -construidas sobre los cimientos de la percepción, elevadas con las columnas del trabajo y cubiertas con el tejado del discernimiento-, de tantos emigrantes y exilados que la vida transformó en ciudadanos de todos y de ningún lugar.

Cuando llegaban, los emigrantes procuraron, en primer lugar, integrarse al país de acogida, pero también organizaron sociedades culturales que les ayudase a preservar su identidad y su cultura. Sao Paulo, por ejemplo, es una ciudad italo-brasileña, donde la comunidad española habla “portoñol” y sus hijos y nietos, portugués.

El otro día conocí a Carmen, una española dicharachera que llegó con su marido a Sao Paulo, en la década de los cincuenta. Sus hijos nacieron en esa ciudad brasileña. Sus nietos también. Carmen, que está viuda, comenta que no va a España desde hace casi 30 años. Dice que le gustaría vivir en su Zaragoza natal. Se emociona cuando, desde sus más de ochenta años, explica porque no volverá a pisar la Basílica del Pilar, “mis raíces están en España, pero mis hijos y mis nietos son brasileños. Y si mis ramas están aquí, yo me quedó, ¿entiendes?”.

Entiendo.

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4 respuestas a Percepciones

  1. Marcelino M. González dijo:

    Yo también entiendo, pero… ¿Sería posible que, como hasta ahora, tú volvieses siempre?, aunque tan solo sea una vez al año en verano, o por Navidad como el turrón. Aquí también tienes parte de tus ramas. Y las raíces, sin las que aquellas no pueden vivir. Promételo.

  2. Ovidio Edmundo Lòpez dijo:

    Yolanda, termino de leer el artículo primero, sobre el proceso histórico del rol de la mujer en la sociedad y en particular en la Asturias, tu Asturias. Realmente emocionante, merece ser una proclama universal en un Dia Cualquiera de la Mujer, pues su propia esencia la universaliza. Con un decir armónico, justo, dinámico y fundamentalmente cargado de esa energía cósmica que anidan los ovarios, saca a luz
    un limenario proceso y eleva en un pedestal la imágen sublime del género. Bienvenida sean esa tua ganas de sacar tus decires de tu interior para que deje de ser solo tuyos y se conviertan en el decir de todos.

  3. OVIDIO EDMUNDO LOPEZ dijo:

    Yolanda, uyyy me veo en la necesidad de hacer algunos ajustes a mi comentario, para no lesionar tu casta lengua … recuerda que soy mestizo guarani y tengo algunas trabas con el español, pero aqui hubo en realidad desajustes tipográficos, que los corrijo : limenario=milenario; tua= tus; saca= sacas; deje=dejen……………………………………………..
    Ese guarani que me viene desde el seno materno de mi madre originaria, a quien la vi muchas veces caminar detrás de mi padre, aunque tenía en su haber quince engendros amamantados con un solo pecho hábil.. vaya excelencia.¡¡¡ la pongo en el pedestal que elevas con tu pluma, gracias

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