Señaldá

Asturias es un horizonte que se encuentra en la memoria. Un espejo que nos mira con la frescura de los veinte años, un jardín de todas las Alicias, un recuerdo que se nos va escurriendo por entre las esquinas de la imaginación, uf!, menos mal que Fernando Miranda nos lo devuelve, fresco y lozano, todos los sábados, transformado en Paraíso Natural.

El cantábrico nos golpea la puerta de la nostalgia, que se abre descascarada, para que el barco de la señaldá nos navegue, cuerpo adentro, y nos produzca marejadas en la mirada. Suave oleaje salado que nos surca el rostro y deja estelas de espuma respingando de la nariz.

El cuerpo es una madreña de viento que se viste de ocle y restalla de placer sobre la arena suave y blanca. La añoranza también es un olor que penetra, hasta lo más hondo, en la pituitaria: en su puesto del mercado, Sarita, de botas negras y guantes amarillos, continúa limpiando las cabezas de pixin (que mi madre utilizará para hacer sopa), sobre la blanca desnudez del mármol. El cielo huele a palometa y a sardinas y a centollos…

En las brañas sopla el poniente, la vaca muge de presentimiento y la leche se cuaja en quesos bellos y gamonedos. Las cerezas ruborizan los atardeceres y el perfume de las manzanas nos provoca e incita a acercarnos al llagar para probar el néctar de todas las tentaciones. Dice mi hermano que la sidra lo cura todo.

Las piedras se unen amorosamente para construir la historia. Las piedras recogen los ecos de todos sus visitantes, de todos sus huéspedes. Oviedo es piedra transformada en luz y como luz se renueva y se distribuye y se dispersa y se goza… pero no se posee. Oviedo es la señora de todas las poses. Nos invade de su ausencia, y, calmamente, un día…se nos llueve en pétalos de flor, nos empapa y nos viste de pasado.

Gijón es la espuma del mar que cincela las rocas, formadora de carácter, mater amabilis, cálido útero, ventris fecundus donde algunos emigrantes soñamos reposar. El próximo año intentaré bailar la danza prima en la playa de San Lorenzo. La danza prima es, a un tiempo, el cordón umbilical que nos une a nuestros ancestrales y el brazo atlántico que nos asegura a ese pedacín de tierra que tanto nos tira…

La Felguera es la fuerza, el trabajo, la amistad, la camaradería. Los amigos de infancia, ¿qué habrá sido de aquellos niños? ¿Permanecerán guardados en algún rincón del alma, o se habrán disuelto entre los problemas adultos de los hombres y mujeres que son hoy?.

El lado bueno de ser emigrante es que, a la hora de archivar recuerdos, nuestra memoria selectiva, quien sabe por aquello de avivar sus lazos intelectuales y sensitivos con las raíces, los salva en colores, les pone un fondo de gaita y aún tiene presente en el paladar la frescura del último culete de sidra.

La Asturias de hoy también se viste de hogueras para celebrar San Juan. Desde siempre, el alma astur precisa del fuego para purificarse… y para conmemorar el solsticio de verano. Las mujeres saltan o mejor vuelan sobre las llamas, e invocan las fuerzas ancestrales de la naturaleza que fertilizarán tierras, fecundarán vientres y providenciarán una buena cosecha. Los hombres salen más tranquilos a cazar cuando la heredad es fructífera y está bien administrada.

La distancia es una lente juguetona, amiga de los ventolines, que a veces desfigura las realidades pero raramente las tergiversa. La distancia es el catalejo de los emigrantes, vemos las cosas por el ojo de la cerradura y nos saben a misterio, a enigma, a inalcanzable… quien sabe, muchos de los que nunca pudieron o quisieron volver, prefirieron sus sueños de cerradura a una posible y real desilusión…

La señalda es un sentimiento físico que atenaza la garganta, amarra las piernas y, en ocasiones, aprisiona el corazón. Sobre todo cuando nos comenzamos a poner viejos y un poco cascarrabias…

Pero no. Que digo, permitidme que sacuda el polvo y el rancio de la morriña y de la melancolía. Esto debe ser cosa del infierno astral. ¡Jesús que demodé! En unos días, mi tiempo de experiencia en este mundo añadirá un año más a su currículo existencial…claro que no pasa de un mero detalle en la dimensión del tiempo. Por eso, abramos las ventanas y dejemos entrar el aire, la frescura, la vida.

A final de cuentas, los emigrantes asturianos de hoy somos mucho más, somos navegantes on-line, tripulantes de nuestro destino, constructores de opinión, viajeros pertinaces, divulgadores de Asturias… Por cierto, también tengo unos amigos que son astursambantes y algunos otros que son tangotonadilleros.


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