Sembrando Memorias ( Julio 2007)

Brindis escritos para Langreanos en el mundo

El primer texto, Sembrando Memorias, lo escribí en el año 2007 para leerlo durante el encerramiento del primer encuentro no virtual de Langreanos en el mundo. El segundo, Langreo un lugar para todos, lo escribí en 2008 para encerrar el segundo encuentro de Langreanos. Y el tercero, langreanos en el mundo: vientos de agua, tierra de fuego. Un pequeño dialogo con el planeta, es de 2009.

Los hijos de Langreo que vivimos fuera tenemos un local de encuentro virtual en el ciberespacio, pero aún preferimos las reuniones al vivo y en colores, regadas a sidra y a cantaraes que, una vez al año, mantenemos en nuestro pueblo.

Los que deseen obtener mayores informaciones sobre langreanos en el mundo pueden entrar en su página web: www.langreanosenelmundo.org/

El Brindis:

Hace poco más de tres décadas salía del Barrio Urquijo, en La Felguera, para estudiar en Madrid. Recuerdo vívidamente ese primer viaje sola en tren, pues lo realicé como quien realiza un camino ritual hacia la independencia, aunque, en realidad, lo fuese hacia la responsabilidad y hacia mí misma.

Más tarde, el amor y la vida me llevaron aún más lejos. Soy miembro de una pequeña y plural familia. Vivo en Sao Paulo, Brasil. Viví un tiempo en los Estados Unidos y hoy, con el corazón en la mano, me siento preparada para ser asturiana en cualquier lugar.

La acción de escribir estimula la memoria, agudiza la retrospección, las palabras son códigos que destraban la cremallera del tiempo. Más que frases o pensamientos, escribo sentimientos y visiones. La pantalla del ordenador es un espejo en donde se reflejan los momentos inolvidables que quedaron marcados en las membranas del corazón o del cerebro.

Así, recuerdo ese primer viaje con total claridad, como si lo hubiese hecho ayer. Veo aún a mis padres en el andén, estirando la mano para agarrar la que yo les extendía desde la ventanilla. Los veo perdiéndose a lo lejos, cada vez más pequeños, diciéndome adiós desde la estación de Mieres, hasta transformarse en un punto lejano, que conservé en la retina y fijé indeleble en la memoria

Viajé en segunda, al lado de un amigo de Gijón que ya estudiaba en Madrid y era novio de una compañera del colegio. A nuestro lado, una familia provista de mantel, cuchillos, pan, chorizos y empanada iniciaba los preparativos de la cena….

Recuerdo la perplejidad de las primeras semanas, la inseguridad ante lo novedoso, el miedo de pisar continuamente en el vacío, la ansiedad que me impedía salir del colegio mayor en donde vivía…

Pero recuerdo también el día en que, mirándome al espejo, me cuestioné sobre el motivo que me había llevado hasta allí… ese día fui a la Facultad andando e hice mi primer amigo.

Es difícil dejar para atrás la seguridad de la casa paterna, de los amigos de infancia, de lo conocido…aunque para muchos de los que se fueron, o tuvieron que ir, el volver la vista atrás y rememorar las circunstancias que les incitó a salir no les resulte tan agradable.

Salí de Asturias para estudiar. Otros lo hicieron por motivos políticos, laborales, profesionales, por falta de recursos, por ansia de aventura, por ir atrás de un sueño, porque la vida se lo pidió…

Hoy, tal vez lo menos importante sea el motivo que nos llevó a caminar otras tierras pues, aunque en su momento fuese doloroso, ahora somos conscientes de que, de habernos quedado, hoy ni estaríamos aquí ni seriamos los sembradores de memorias que somos.

Sembramos semillas asturianas por todos los caminos que pasamos. Las sembramos cada vez que respiramos, cuando hacemos una fabada, aunque no sea de fabes de la granja, y aprovechamos la oportunidad para contar historia y anécdotas de nuestra tierra a los invitados; las sembramos cuando nos reunimos en Romería y cantamos nuestras canciones a nuestros hijos y nietos… o a nosotros mismos; las sembramos cuando el corazón se nos sale por la boca y nos explayamos sobre lo que más sabemos y amamos: nuestra tierra; las sembramos cuando recuperamos costumbres y usos, cuando somos tierra abonada en movimiento; cuando estamos atentos sobre los cambios y evoluciones y también las pasamos adelante.

Pero somos sembradores de dos orillas. Pues la tierra, país o región en que residimos nos dio algo más que un albergue o un trabajo, nos dio amigos, nos dio una familia, nos dio un hogar y a muchos, les dio incluso una identidad. Recuerdo con cariño especial al topo Manuel y a su compañera María, abuelos de todos, aunque nunca pudieron ser padres.

Por eso, cada vez que volvemos a Asturias, a Langreo, o a La Felguera, en mi caso, diseminamos costumbres, modos, usos, cultura de esa tierra que ahora también es un poco nuestra, pues allí nacieron nuestros hijos y allí continuará nuestra memoria.

Me encantaría decir a cada uno de los langreanos que un día decidieron/decidimos partir, que lo importante, lo verdaderamente importante, no es lo que sentimos a la salida. Con certeza las emociones fueron tan diversas cuanto los motivos que nos llevaron a tomar esa decisión. Lo importante, en mi modesta opinión, fue/es lo que sentimos al volver.

Eso, porque la nuestra es una tierra que engancha el alma, y engancha el alma incluso de los que no nacieron aquí. Más y ésta es una opinión particular, nos hacemos plenamente conscientes de nuestro vínculo con la tierra y de nuestro amor por las raíces, cuando conocemos y comprendemos la diversidad.

Me viene a la memoria, una leyenda centro europea que cuenta la jornada de un joven que salió de su casa y de su ciudad a procura de conocimiento y de un sentido para su vida.

Ese joven recorrió Europa entera, conoció diferentes usos, costumbres y lenguas, sin encontrar el conocimiento que ansiaba.

Un día, sentado en el puerto de Algeciras, mientras contemplaba el abrazo profundo de los mares, oyó la conversación de unos marineros etíopes, que hablaban sobre un papiro escondido en el desierto del Sahara y sobre el importante conocimiento que sus jeroglíficos encerraban.

Nuestro joven, que ya comenzaba a perder el verdor de la mocedad, decidió viajar en ese mismo barco, sin saber que él sería parte de la mercancía y que su destino final sería el mercado de esclavos.

Trabajo 12 años para pagar su libertad y utilizó todo ese tiempo para conocerse, entenderse, aceptarse y, a partir de ahí, conocer, entender y aceptar a los demás.

Nuestro joven, ahora un hombre maduro, entendió que estaba pronto para encontrar el papiro y partió en su busca. Llevaba menos de tres horas caminando, cuando supo que había llegado al local. Escavó en la arena y enseguida sintió la dureza metálica de una caja. Las manos le temblaban y la emoción se transformaba en copiosas e insistentes lágrimas. Había demorado más de veinte años en alcanzar su objetivo. Ahora solo tenía que abrir la tapa…

Cuando la abrió, un grito de casi certeza zigzagueó entre las dunas. En la caja había un papiro. Y en el papiro, en el papiro vio dibujado, dentro del mapa de su país, un plano de su pueblo, de su calle… y más abajo, la dirección de su casa familiar.

Nuestro amigo, que por aquella época ya sabía leer jeroglíficos, finalmente había descifrado el gran enigma de la vida y, consecuentemente, alcanzado el conocimiento.

No importa a donde nos lleva la vida o la aventura, el tesoro que procuramos está guardado en el local donde vivimos la infancia. La memoria nos regresa allá en los sueños, o en la evocación y en ese viaje consciente encontramos el conocimiento necesario para transmitirnos por entero a nuestros descendientes.

Particularmente, pienso que solo se consigue entender, comprender, asimilar, insertar, abrazar y amar lo otro, cuando, efectivamente, comprendemos y amamos lo nuestro.

Langreanosenelmundo es el mapa que nos muestra como regresar al lugar de origen, la flecha que nos indica el camino. Hoy la internet nos facilita esa vivencia, aunque sea de manera virtual.

De cualquier manera, estoy segura de que todos los que estamos aquí en presencia u on-line nos sentimos comprometidos con nuestras raíces. La lista de adhesiones, que aumenta a cada día, está ahí para ratificarlo.

Pero también lo estamos con las raíces del árbol que hemos ayudado a plantar en nuestro nuevo hogar.


Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s