Quien a buen árbol se arrima…

Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos para Dios las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego”. Pierre Teilhard de Chardin

Es justo en el umbral de una idea, unas décimas de segundo antes de que el verbo logre pronunciarse, cuando surge la promesa de la luz. En ese primer instante la idea se manifiesta como una especie de rayo luminoso que nos atraviesa el cerebro a una velocidad vertiginosa. Sí, lo atraviesa tan fulminantemente que, en múltiples ocasiones, ni nos damos cuenta. Notamos, apenas, una posterior e infinita fatiga, unida a la inadecuada lentitud de nuestros movimientos y a una ligera sensación de indiferencia, de vacío e incluso de tristeza universal. Una profunda tristeza a la que algunos prefieren llamar de cósmica. Aunque aquí, entre nosotros, podríamos llamar de tristeza postparto. Pero entonces la idea se hace carne, toma cuerpo, se concretiza, adquiere vida y la sonrisa reaparece.

No nos conviene olvidar, sin embargo, que en el inicio era el Caos, que la luz es posterior. Y aún diría más, el útero donde se gestó la luz lo ofreció y puso gentilmente a disposición, precisamente, ese tal Caos.

Claro que, muy posiblemente, debió parirla entre arrebatadas tormentas de luces siderales. Aunque también pudo ser ella, la luz, quien cansada de vivir en un estado de completa armonía, plácidamente embutida dentro de las misteriosas profundidades de ese dios primigenio, de ese inicio de todo, de ese inconsciente colectivo, decidiese, así, sin más ni menos, independizarse, separarse, amputarse, liberarse. Y nacer.

¿Sabría por acaso la LUZ que junto con ella nacería la SOMBRA?

De acuerdo con las explicaciones del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, SOMBRA es la proyección obscura que un cuerpo lanza en el espacio en dirección opuesta a aquella por donde vienen los rayos del sol o de otro foco luminoso. También define como SOMBRA a la imagen obscura que sobre una superficie cualquiera proyecta un cuerpo opaco, interceptando los rayos directos de la luz. Se hace necesario añadir que la sección eficaz de una sombra es una silueta bidimensional o una proyección invertida del objeto que bloquea la luz. UNA PROYECCION INVERTIDA DEL OBJETO QUE BLOQUEA LA LUZ

La sombra es el calderón alquímico donde toman cuerpo las ideas, donde se tornan tangibles. Es incluso el local en dónde nos recluimos cuando queremos conocernos mejor. La luz nos da energía, vitalidad, nos incentiva la curiosidad, las ganas de conocer, pero necesitamos sumergirnos en la sombra, en nuestra propia sombra, para rumiar el alimento, digerirlo, a veces vomitar los excesos y, por fin, transformarlo en conocimiento.

Ocurre con las personas, ocurre con las sociedades.

Quien permanece expuesto constantemente a la luz corre el riesgo de quemarse. El exceso de luz nos ciega, es una ceguera blanca, etérea como la muselina, y brillante como los últimos rayos de purpurina que destiñen las estrellas del amanecer. Creo que la ceguera que nos describe José Saramago en su tratado era un poco así: blanca y cruel. Una ceguera blanca en una sociedad tecnológicamente avanzada y aparentemente civilizada… aparentemente.

La oscuridad nos imposibilita ver. Nos hace ciegos. Cuando la oscuridad se introduce en el cristalino, en el macular, alcanza el cerebro y no conseguimos vislumbrar espacios, formas, objetos, colores…

Necesitamos un punto de luz que permita proyectar la sombra de los objetos… En el mundo de las artes plásticas, cualquier alumno novato sabe que la técnica fundamental que primero debe aprender, pues otorga vida a la pintura, es la adecuada inclusión de luces y sombras.

En la vida también. Ocurre con las personas, ocurre con las sociedades.  A veces la tela donde se dibuja la vida es una plaza cuyo nombre homenajea libertad,  aunque los cambios sociales solo se harán y serán una realidad permanente el día en el que el hombre, en lo más intrínseco de su ser, decida mudar.

Pero cuídense los temerosos o indecisos, porque una vez encendida la luz, la sombra corre veloz –más que un reguero de pólvora- y se agranda y se explaya y se extiende mucho más allá de lo previsto… hasta conseguir modificar aquello que, hasta entonces, se conocía como realidad.

¿El árbol del título?

Al árbol del título le salieron ojos para contemplar el horizonte y allí está con las ramas abiertas para ofrecernos una buena sombra donde meditar, recapacitar, pensar…El agüita fresca la llevamos nosotros, que para eso están los botijos.

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Una respuesta a Quien a buen árbol se arrima…

  1. Duke dijo:

    ¡Ejem…! Bueno no digo nada, tú sabrás. Bienvenida a casa.

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