Amor adolescente

Cuando Joan Manuel Serrat cantaba o susurraba
Paraules D’amor
todas teníamos 15 años, algunas incluso menos…

Ella em va estimar tant…
Jo me l’estimo encara.
Plegats vam travessar
una porta tancada.

Ella, com us ho podré dir,
era tot el meu món llavors
quan en la llar cremàven
només paraules d’amor…

Paraules d’amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys.
No havíem tingut massa temps per aprende’n,
tot just despertàvem del son dels infants.

En teníem prou amb tres frases fetes
que havíem après d’antics comediants.
D’histories d’amor, somnis de poetes,
no en sabíem més, teníem quinze anys…

Ella qui sap on és,
ella qui sap on para.
La vaig perdre i mai més
he tornat a trobar-la.

Però sovint en fer-se fosc,
de lluny m’arriba una cançó.
Velles notes, vells acords,
velles paraules d’amor…

Paraules d’amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys.
No havíem tingut massa temps per aprende’n,
tot just despertàvem del son dels infants.

En teníem prou amb tres frases fetes
que havíem après d’antics comediants.
D’histories d’amor, somnis de poetes,
no en sabíem més, teníem quinze anys…

El amor adolescente

En el silencio de esas palabras que no pronunciaba escondía las sílabas de tu nombre. Justo en ese silencio donde el tiempo era una mano que se desgranaba, pétalo a pétalo, sobre la alfombra de mi habitación, hasta empaparla con el perfume de los segundos compartidos.

Yo era la paloma que sobrevolaba la candidez de tus noches en vela. Tú eras el suave viento que rozaba mis mejillas al despertar.

Luego la mañana se desdibujaba en amaneceres sobre la colcha de mi cama y yo ocultaba el rostro bajo la almohada, para continuar soñando con algún otro posible amanecer. Pero las mañanas insistían en despertarme. Entonces yo me cubría con la armadura de la fortaleza, maquillaba la mirada y tatuaba sobre el rostro la tranquila sonrisa de una adolescente feliz, mientras engullía con desgana el sempiterno y monótono alimento matinal.

Yo era aquella estrella que se escondía por detrás de la cortina y te ayudaba a soñar Tú eras el firmamento que me acogía en sus brazos, me protegía y me hacía volar.

Pero el hastío, o quien sabe el miedo, contaminó cada una de las moléculas de nuestro ser y el reloj donde guardábamos aquel tiempo que imaginamos imborrable se quedó olvidado en algún rincón de la escalera. Tal vez por eso ahora caminamos por la vida a destiempo y nos perdemos en el vacío de unos pensamientos que se han comenzado a borrar.

Yo era la luz que se escondía en tu mirada Tú eras la llave que abría la ventana de mi propio mirar.

Historias de amor, sueños de poetas, no sabían más, tenían quince años…

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