Yo también tuve cáncer de mama (valorizando la vida)

Cuando en el año 2004 escribí este texto, lo escribí para mí, pero también para todo aquel que quisiese leerlo.

Mayo, mes de las flores, de las bodas, de los trabajadores, de las hijas de María y de mi reconocimiento médico anual. Siempre vi esos exámenes como una rutina femenina, una especie de trámite, incómodo y obligatorio, tras el cual me concedían algo semejante a un pasaporte anual, un salvoconducto de tranquilidad renovable.
Este año me cancelaron el visado. Aparentemente no pasé la prueba. Un carcinoma ductal in situ, en la mama izquierda, impidió su prolongación. Pero, gracias al diagnóstico precoz, todo indica que, en poco tiempo, me restituirán la licencia.
Es extraño como un cáncer de mama nos puede afectar la vista y el oído, agudizándolos. Y como a la VIDA se le mayusculizan todas las letras.
Cuando lo supe, me esforcé para escuchar las explicaciones de mi médica, pero yo no estaba allí. Oía sus palabras como un susurro lejano, la veía allá, lejos, por detrás de la mesa. Pienso ahora que, desee tanto escapar de aquella situación que, de alguna manera, huí de mí. Contemplé la escena desde afuera, como si la cosa no fuese conmigo, sin involucrarme demasiado.
Entones recordé un libro de Lya Luft que acabara de leer: Pérdidas & Ganancias. Concretamente un diálogo entre la muerte y un humano que, al saberse llamado, le pide más tiempo de vida. Si me das tres motivos por los que te merezca la pena vivir, te concedo ese deseo, pero deben ser tres motivos tuyos, íntimos, individuales… no sirven disculpas como la familia, el trabajo, los hijos, las responsabilidades…
Yo pensé en mis tres motivos.
Después intenté mirar por detrás de la doctora y encontré una mujer solidaria, objetiva, confiable y conocedora de las herramientas que nos ayudarían a resolver ese problema que, de tan copioso, casi se está tornando común.
La seguridad y objetividad de sus palabras me estimularon a ponerme en sus manos, a confiar. También contamos e hicimos uso de todos los avances tecnológicos que nos ayudasen a optimizar el diagnóstico.
Así, tras la mamografía que insinuó la posibilidad de alguna alteración, hicimos una mamotomía con biopsia que declaró el carcinoma, y una luminiscencia que delimitó los ganglios centinelas.
A continuación, la cirugía. Pequeña. Un cuadrante.
Ahora la radioterapia.
¿Por qué cuento todo esto?
Lo cuento porque mi carcinoma no era detectable al toque, fuese mío o del médico.
En la consulta, antes de prescribir los exámenes radiológicos de rutina, la ginecóloga examinó apariencia, textura… y no percibió nada. La mamografía realizada en 2003, tampoco. Las micro calcificaciones, además de micro, eran profundas.
Si en lugar de realizar los exámenes anualmente, esperase a sentir alguna anomalía a través del auto examen, para ir al médico, tal vez no consiguiese contaros mi experiencia con la misma tranquilidad y optimismo.
Aquí en Brasil, la mayor parte de los médicos recomiendan la mamografía anual a partir de los cuarenta años.
Pero, aumenta el número de especialistas que, sin desaconsejar la práctica del auto examen, consideran conveniente realizar exámenes preventivos, como la mamografía y la ecografía mamaria, en mujeres con menos edad.
Así, mujeres con prótesis mamaria o histórico familiar de cáncer, deberían iniciar este tipo de examen a partir de los treinta, pues “las que se van son las más jóvenes”, escuché decir a uno de los médicos, durante uno de los tantos exámenes a que fui sometida. Y el oncólogo de la clínica de radioterapia donde paso las mañanas concuerda.
Supe que en España la mamografía se torna obligatoria a partir de los 50 años. Me contaron, que un profesional del ambulatorio telefonea para marcar la consulta.
Muy bien.
Pero uno de los problemas del cáncer es el diagnóstico tardío.
Cuando detectado a tiempo, las probabilidades de cura pueden llegar a casi el 100%. Sino los números bajan para el 60%.
Tenemos la obligación de exigir exámenes preventivos y el derecho de realizarlos
anualmente.
Es más seguro y tranquilo para nosotras. Es más barato para el estado.
Si pensamos en términos de prevención, el cáncer de mama puede dejar de ser una enfermedad y transformarse en un problema de salud solucionable. Pasar de una lucha en contra de la muerte a un camino a favor de la vida.
En la sala de espera de la clínica de radioterapia que frecuento todas las mañanas somos mayoría. El diagnóstico precoz nos multiplicó (dicen que nunca hubo tanto cáncer mama como ahora), pero también abrió las puertas y ventanas de la esperanza.
Somos las más dicharacheras y animadas. Vemos nuestra situación como una etapa, una fase de la vida, un aprendizaje.
Por eso, cuando alguna colega de sofá me pregunta lo que pienso hacer al terminar la radio, en broma le respondo: Televisión.
Y continuar sabiéndome viva: sentir, oler, saborear, mirar, escuchar, agradecer cada segundo de cada día.
Vivir a favor de la vida.
Pues hoy tengo certeza, de que la VIDA puede más.
Mujeres, entrad con el pecho abierto, sin miedo, en esa campaña.

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