Refugio

No precisaba mentir, pues en el fondo sabía que la imagen que le devolvía el espejo no era la suya. Algún día regresaría de nuevo y ese día estaba por llegar. Volvería como si nunca hubiera partido, con un hello o un buen día y un ramillete de flores silvestres en la mano. A final de cuentas nunca se habían dicho adiós, si bien es cierto que ella ralentizó su manera de vivir, que sus sentimientos adormecieron, que su rostro se tornó más taciturno y que su sonrisa perdió una pizca de aquel brillo espontáneo que tanto la caracterizaba.
Había creado un personaje y se había refugiado dentro de él, pero a veces ni ella misma reconocía aquella imagen creada con tanto ahínco. Y ahora estaba allí plantada, mirándose al espejo, observándose, escudriñándose… como si deseara volver a encontrarse por debajo de la piel; como si quisiera entender por qué había dejado escapar aquella alegre niña que la habitaba, aunque bien es verdad que conservaba la esperanza de que estuviese apenas adormecida…
Claro que en muchas ocasiones las certezas se le desvanecían por entre las rendijas de la niebla y, aunque la bruma se evaporase con los primeros albores del amanecer, sentía que algo en lo más intrínseco de su ser se había quedado enganchado en alguna de las esquinas de la noche, y que allí se quedaría perdido, para siempre jamás, arrinconado en uno de los muchos escondites que habitan los sueños. A veces se alegraba.
Sí, se alegraba hasta las lágrimas, porque si alguna certeza conservaba era la de saber que todavía se estaba construyendo; que los muros aún no habían sido erguidos, y que la mentira era un falso cimiento que no sustentaría la imagen que deseaba tener.
Se miró en el espejo nuevamente y se dijo unas cuantas verdades a la cara… puso en palabras todo lo que vio, principalmente los sentimientos. La sinceridad se le escapaba por entre los dientes y la dejó hablar, a sabiendas de que era escuchada por un mero reflejo.
Ella merecía saber las reglas con las que debería jugar, aunque solo fuera para poder saltárselas de vez en cuando, con consciencia. Principalmente después de entender que la vida era algo más que una sucesión de días, y, sobre todo, de haber descubierto que los días desembocan, uno tras otro, dentro de su propio ser.
Comenzó a intuirse y delineó su primer boceto. No era el definitivo, incluso tenía algunos errores, claro, pero era una buena base para comenzar… El espejo le reflejó entonces la posibilidad de un nuevo camino y la intuición de un nuevo encuentro se delineo, tomó cuerpo y procuró cobijo en su corazón.
La vida carece de refugios, pensó entonces, como la Libertad…
La vi abrir la puerta y atravesar silenciosa el umbral. Se asomó al exterior con la mirada húmeda de timidez y el asombro enganchado en las pestañas…Yo la contemplé desde el silencio y, desde el silencio vi como, un pie tras del otro, ensayaba los primeros pasos… En el jardín los jazmines olían a primavera y las lantanas rebosaban de color…
La niña se quedaba aquí, guardada en el refugio de la memoria, a mi lado, para cuando le hiciese falta.

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