Cimadevilla

fotos familia yolanda 344-008

 

 

 

 

 

I
Su mirada se pierde en el abismo azul,
antiguos pescadores habitan en sus venas
y siembran en su entraña el corazón del mar.
Su cuerpo navegante aún surca las estelas
que deja, tras su paso, la barca marinera,
la barca pescadora que ahora no navega,
y sueña con nostalgia sus días en la mar.

Su rostro curtido por las algas,
forjado por el viento,
bañado por el sol,
ha sido cincelado con agua, sal y arena,
pulido en marejadas y en noches de tormenta,
marcado por el hambre de las redes vacías,
secado por el miedo de nunca regresar.

¡Ah, el Rompeolas, hogar de pescadores!
¡Vieja Cimadevilla de mi Gijón natal!

II

Una madre, loca de ausencias, observa su partida,
sus ojos ciegos, perpetuos prisioneros del horizonte,
lloran lágrimas de perlas.
Su cuerpo transpira olas de mar,
y su pecho
¡ay!
Su pecho atesora gemidos de viento y de salitre,
¡ay!
¡Gime la mujerona sobre la roca de su pedestal!

Y en el acantilado que surge a sus pies,
las gaviotas descansan y miran impasibles
su rostro torturado,
por los hijos perdidos que nunca vio nacer.

¡Ah, el Rompeolas, hogar de pescadores!
¡Vieja Cimadevilla de mi Gijón natal!

III

Rederas enlutadas trabajan incansables.
Son penélopes cantábricas que tejen,
día y noche, rosarios de oración.
Escrutan la lontananza y,
mientras sus manos tristes acarician la semilla
que florece en sus vientres,
sus miradas se pierden en el inmenso azul.

Los viejos pescadores mastican sus memorias en las tabernas,
cuentan historias regadas con vino y salpicadas con sirenas.
Pasos encharcados tropiezan en las piedras de las calles sin luna.
Las casas huelen a pescado, a resaca, a noches solitarias.
Barrio de pescadores, donde las ventanas otean,
los ojos escudriñan horizontes inciertos,
y las narinas presagian mareas… o partos.

¡Ah, el Rompeolas, hogar de pescadores!
¡Vieja Cimadevilla de mi Gijón natal!

IV

El mar es el eco de un bramido que despierta a la noche,
una vieja pesadilla, un mal sueño…
el grito de una mujer.
Cacerolas al fuego, matronas, prisas, miedo,
una ola que llega, inspira, expira, fuerza…

En un viejo camastro, de recogidas velas,
ausente de padre y de sábanas,
a la tibia sombra, triste de luz, de unas pocas velas,
en ese preciso instante en el que la noche
se transforma en mañana,
un nuevo pescador nace,
un gallo canta,
y el mar ruge sus olas contra la muralla…

¡Ah, el Rompeolas, hogar de pescadores!
¡vieja Cimadevilla de mi Gijón natal!

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