Tango

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Nunca supo por qué, de repente, un día,
un día normal, o al menos así le parecía,
un día que había amanecido
como cualquier otro día,
ni más tarde ni más temprano,
un día como tantos,
de esos que corren sueltos,
en las hojas de los calendarios,
como si tuvieran alas en los pies…
Justamente en ese acelerado día,
sin previo aviso, la vida se le instaló en la almohada,
y le miró a los ojos en silencio,
y las estrellas le llenaron la mirada,
y el sol se derritió en miles de lentejuelas,
que se le fueron enredando entre las pestañas.
Fue en ese día, sin previo aviso,
en ese día normal y cotidiano,
que la vida le saludó y le dio la mano,
y él aceptó el encuentro ,
y la agarró por la cintura…
y la vida y él salieron calle arriba,
un pasito tras otro…
Nunca supo por qué, más desde entonces,
la vida y él continuaron siempre juntos,
él la agarra de la cintura,
ella lo coge de la mano,
bajo un viejo farol, en alguna esquina,
un viejo acordeón destila tangos,
y así van la vida y él,
un pie tras otro,
todos los días,
bailando.

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