Recordando a mi madre

Mamá y yo Scan-007

 

 

 

 

 

Al amanecer, sus manos revoloteaban los sueños de la aurora,
despeinaban nubes, enredaban caracolas,
para después surcar el cálido cielo de la almohada,
como dos sutiles mariposas.

Enseguida, sus manos enlazaban la cintura del viento,
bailaban con él la danza de la vida,
y el viento se entregaba, totalmente enamorado,
mientras silbaba suspiros de melancolía.

A mediodía, sus manos eran como dos risueños ruiseñores,
que aleteaban por invisibles jardines y palacios,
donde jugaban al parchís con las hadas, monstruos y princesas,
que habitaban las sombras chinas de la pared del cuarto.

Al atardecer, de sus manos florecían crisálidas y rosas
que cristalinas adormecían en el mundo de los sueños,
después transformaban en pétalos las horas,
y las bordaban serenamente en el canesú azul de sus recuerdos.

Al anochecer, cuando la luna surgía majestuosa
en la pared oscura del ocaso,
sus manos me arropaban con sábanas de estrellas,
la manta de soldado de mi padre y un beso.

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