Por la noche

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Aquella noche,
la luna vistió su bata de plenilunio con volantes,
subió a esa estrella fugaz que persigue la aurora,
y bailó seguidillas con el sol de madrugada.
Luego se fue despacio,
con sus zapatos de plata en la mano,
por los nocturnos caminos de la Vía Láctea.
La luna se mengua de ausencia,
ansía un próximo encuentro.
Por eso, cuando un bandoneón crepuscular
Ilumina con sus notas el firmamento,
la luna se crece,
y el sol surge por las esquinas de la media noche
para bailar un tango con ella.

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