Encuentro entre hermanos: en busca de las propias huellas

Cuando en el año 2010 escribí esta crónica, para ser publicada en http://www.langreanosenelmundo.org yo vivía en Buenos Aires -viví allí tres años-
En ella narro mi encuentro con los descendientes de dos hermanos de mi bisabuelo que, en el inicio del siglo XX, emigraron a Argentina.La publico ahora en mi blog porque estamos cerca de la Navidad y porque me apetece.

reunion familia meana, navidad 2009

Cuando comunicamos a nuestros amigos que, por motivos profesionales, viviríamos untiempo en Argentina, todos nos desearon éxito, buena suerte, felicidad… lo que ellos nunca se imaginaron, y nosotros tampoco, es que aquí nos estuviese esperando… La Familia.
Como tantos y tantos españoles a finales del siglo XIX e inicios del XX, Alfredo y Rosendo decidieron partir para las Américas en busca de algo mejor. Sus esposas se quedarían en Asturias hasta que ellos pudiesen reclamarlas. Del resto de la familia, incluyendo a su hermano Manuel, mi bisabuelo, se despedirían para siempre. Construirían el nuevo hogar en las provincias argentinas de Chaco y Corrientes. Hasta allí fuimos, un siglo más tarde, para reencontrarnos con sus descendientes.
Pero mejor comenzar la historia de este reencuentro desde el inicio.
Imagínense un domingo de sol en Buenos Aires, un grupo de amigos, una parrilla… y el destino que juega a las cartas, o quien sabe al dominó. Algunas veces se me ocurre que el destino quiere jugar conmigo y veo, o mejor intuyo, como se esconde por detrás de las doradas vestiduras del sol, cuyo resplandor acostumbra a cegar a quienes se atreven a mirarle de frente. También le imagino acomodado confortablemente en un amplio sillón de éter, con las piernas extendidas sobre un puf de rosadas y estivales nubes. Incluso lo vislumbro con los codos apoyados en una pulida mesa de meteorito fosforescente, sobre la que descansan las piezas de un extraño juego, tal vez algún precursor de la oca, que acapara toda su atención…
En ese domingo de octubre, día de las madres en Argentina, las manos del Destino jugueteaban displicentemente con una ficha del tal juego que acaparaba toda su atención, cuando, de repente, en un aparente impulso, así, sin más ni menos, decidió colocarla sobre el tablero, con un ligero golpe: ¡plahs!
– Che, me dijo María, te presento a mi tía Norma, de Resistencia, que está acá a paseo y le pedí que viniera. Encantada Norma, le dije yo, – que delicia de día, verdad, y continuamos charlando un buen rato sobre amenidades.
Creo que el señor Destino sintió la necesidad de realizar un pequeño esfuerzo más, para que yo cayera en la cuenta y moviera mi propia ficha, pues, sin venir a cuento, me dirigí a Norma y le dije: Sabes que tal vez tenga familia en Resistencia. – Decime, respondió ella, y qué apellido tienen. Meana, llegaron de España creo que a… – Che, se adelantó Norma, conozco una familia Meana. Decime tus teléfonos que, si querés, así que regrese, entro en contacto con ellos.
Tal vez sea necesario haber cumplido los cincuenta para que el corazón perciba lo que la mente no llega a sentir. O quizás sea necesario vivir lejos del lugar de origen para descubrir la fuerza de las raíces y comprender que la distancia no es otra cosa que el camino que nos aproxima, o nos lleva de regreso, a aquello que somos.
Lo cierto es que, cuando, algunas semanas después de aquel domingo, atendí el teléfono y, desde el otro lado, una cálida voz de mujer me preguntó si yo era Yolanda Serrano Meana, mi corazón se aceleró y desde la garganta se me escapó un sí, cargado de premoniciones.
Un profundo suspiro, al otro lado, como para controlar los azotes de la emoción, y enseguida, casi de carrerilla, antes de que se le agotase el aire que aún mantenía en los pulmones, la voz se materializa de nuevo y me dice: “Yo soy Dora Meana, no sé que soy tuyo, pero es casi seguro que somos parientes”.
La emoción se desborda en olas que agitan los cuerpos y los bambolea. Primero nos quedamos mudas. Luego, hablamos hasta casi quedarnos sin palabras. Conversamos tanto, que Dora embarcó en el impulso de conocerme y se acercó a Buenos Aires para continuar nuestra charla.
La intuición fue una poderosa arma que nos ayudó a abrir los caminos hacia atrás y nos llevó a descubrir de dónde venimos y de quienes procedemos. Es que, a veces, para entender nuestra historia necesitamos caminar por encima de las huellas de nuestros progenitores.
Sí, en común tenemos el tatarabuelo de Lada, exclamé, mientras miraba las fotos que Dora había traído con ella. Que era mi bisabuelo, ratificó Dora. Sí, las dos sabíamos que mi bisabuelo Manuel era, efectivamente, hermano de Rosendo, el Abuelo de Dora.
Rosendo y Alfredo, los dos hermanos del bisabuelo Manuel, ya estaban casados cuando salieron de Langreo con un baúl cargado de proyectos y el sueño de, tal vez, regresar algún día.
Rosendo se instaló en la algodonera provincia del Chaco, Alfredo en la ganadera de Corrientes. Y no regresaron, es cierto. Rosendo y Alfredo Meana no volvieron a Asturias, pero consiguieron conservar en sus retinas los múltiples verdes de su geografía natal y transmitirlos a sus descendientes, junto con su ADN langreano, batallador y cantarín.
Quizás por eso, cuando a mediados de la década del noventa, José Luis Meana, nieto de Rosendo y hermano de Dora, preparaba la maleta que llevaría a España, lo primero que, con sumo cuidado, guardó en ella fue el sueño de su abuelo. Y mientras la preparaba, se dispuso, humildemente, a caminar sobre las huellas del recuerdo, para que, de alguna manera, los dos pudiesen culminar esos caminos juntos:
“(…) Es cierto, / Rosendo no está. / Pero viene conmigo, / aunque el verde aire verde de Asturias lo ignore, / y lo presienta al mismo tiempo, / y espere. / Y espere desde hace un siglo/ a que su Rosendo llegue. (…)”
Como juntos, quiero creer, también nos esperaban a nosotros, al lado de Alfredo y de mi bisabuelo Manuel y de la abuela Teresa y de la tía Lupe y de mi madre…, el pasado 22 de diciembre mientras, desde algún balcón del cielo, veían aterrizar el avión que nos había llevado hasta Resistencia, Chaco.
Sí, allí estaban todos ellos. Estaban en los abrazos de Dora, en los ojos de Pilar, en la emoción de Elba, en la risa de Alejandra, en la calidez de Tonino, en la sonrisa de Graciela… en la cariñosa bienvenida y en la agradable sensación de estar en casa.
Unos días antes, cuando los amigos nos preguntaban a dónde íbamos a pasar la Noche Buena, y les contestábamos que pasaríamos Las Navidades en el Chaco, en casa de mi parienta Dora, la respuesta era unánime, – No sabíamos que tuvieses familia en Argentina.
Hasta poco tiempo antes, yo tampoco tenía demasiadas certezas.
Noche Buena para reconocernos en las semejanzas faciales, en las analogías del alma, en las afinidades, en la sonrisa, en la mirada, en la espesura de las cejas. Pero también en lo alegre, en lo fiestero, en lo cantarines, en lo flojos de lágrima, y de lengua, en lo despistados, en lo olvidadizos, en lo temperamentales…
Comencé a leer una carta que Elba Meana me había entregado. Era de una prima de su papá, que le escribía desde Oviedo. En un inicio no capté demasiado bien lo que estaba leyendo: Querido primo Herminio Meana…
La sala era una fiesta y el bullicio me desconcentraba. Ocurrían demasiadas cosas al mismo tiempo y todas ellas llamaban mi atención. La emoción impregnaba el ambiente. Yo había encontrado las vigorosas ramas que habían crecido al otro lado del mar. Ellos una pequeña parte de las raíces… mientras los miraba, me dejé invadir por ese sentimiento.
De repente algo en la carta me enganchó, mi cuerpo comenzó a temblar, y durante unos segundos, pensé que no conseguiría controlarme y corría el riesgo de sufrir una convulsión.
La carta, fechada el veinticuatro de septiembre de 1935, el día que mi madre cumplió catorce años, estaba firmada por mi tía abuela Lupe. En ella contaba, entre otras cosas, la enfermedad y la muerte, a los quince años, de su sobrina Honorina, hermana mayor de mi madre, y la tristeza total y absoluta de su hermana Teresa, mi abuela.
No conseguí acabar de leerla, conocía la historia. Mi madre me la había contado mil veces, pero ese día la sentí como algo real y me dejé invadir por ese sentimiento. En Resistencia, setenta y cinco años más tarde, lloré la muerte de aquella joven tía, casi una niña, que no llegué a conocer.
Dicen que la Navidad es tiempo de milagros. Yo lo confirmo. A veces, charlando sobre lo pequeña que es nuestra familia, llegábamos a la triste convicción de que nuestro apellido materno estaba en vías de extinción, pues, tanto, mis abuelos como tía Lupe habían tenido hijas. En la Navidad Argentina de los Meanas éramos casi 130 personas. La familia continúa fuerte en esta orilla del Atlántico.
Además, en estas Navidades, los Meanas de las dos orillas, los que permanecieron en Asturias y los que atravesaron el charco, brindamos con champagne y cantamos villancicos. Pues, durante algunos instantes y gracias a Skype, no hubo distancias y los hermanos de Lada volvieron a estar juntos en nosotros.

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4 respuestas a Encuentro entre hermanos: en busca de las propias huellas

  1. Jose Rosendo Trabalón Meana dijo:

    A Yiolanda no la pude conocer, pues en esa oportunidad estaba en Buenos Aires, por razones de salud de mi esposa, pero he conversado sobre lo que significo su visita para toda la familia y los gratos momentos que pasaron. Fue algo así como una enviada del cielo, UN ÄNGEL, a partir de ese momento,las ramas del ARBOL DE NUESTRA IDENTIDAD, de la que formamos parte,reverdecieron como por arte de magia, encontramos nuestra raices, en los recuerdos de las reuniones familiares, que todos los fines de año, juntos con los abuenlos, nuestros padres, tios, y primos realizamos desde nuestra infancia hasta nuestra juventud, luego con el correr de los años, con la partida de los abuelos y el ëxodo a otros pagos de tios y primos, los encuentros se espaciaron en el tiempo, aunque siempre teniamos encuentros o visitas con parte de la familia.-Además de Yolanda aparecio DIEGO SUAREZ INFIESTA, un joven carismatico, que se conecto por Internet con la prima Dora(para todos nosotros la Negra Meana), Descendiente de parte de su madre de la abuela Ismaela Meana Cueto. Ha confeccionado un archivo de los descendientes de Meana-Cueto, donde no solo tiene los datos sino también documentos de la familia (partidas de nacimiento-casamiento-defunciones, etc.)En fin joven, tiene 24 o 25 años, que es tambien un factor importatïsimo en todo este reverdecer del ärbol de nuestra identidad, ahora viene nuestra tarea de los que nacimos acá en Argentina, de los abuelos Juan Rosendo Meana-María Inisida Fernandez y Alfredo Meana-Clementina Fernández, que fueron los que emigraron a nuestro país, dos hermanos Meana Cueto, con dos hermanas Fernandez González. para completar los datos de los hijos, nietosy bisnietos.Ya hemos comenzado cuesta un poco, pero vamos avanzando..CVHAU…

  2. TEOFILO F.R. MEANA ALCONADA dijo:

    Buenas tardes, como estan?. Me llamo Teófilo F. R. Meana Alconada, naci en La Plata en el año 1963. Soy hijo de Teófilo y Elena Alconada, siguiendo la linea Meana: nieto de Teófilo y Ana María Ereñú, bisnieto de Teófilo y Delia Casas, tartaranieto de Jose y Brigida Dominguez, tataranieto de Francisco Antonio y Theophila Perez Mier (son los primeros que se registran en Argentina, casandose en Cordoba en Noviembre de 1810) y ya no se como se llama el parentezco los padres de Francisco Antonio son Andres y Maria Juarez. Estos ultimos naturales de Gijon del Principado de Asturias. Quisiera saber si tenemos alguna relación de parentezco y de ser así cual?. De no serlo les ruego me indiquen como seguir la linea. Desde ya muchas gracias. Los saludo con todo cariño.

  3. graciela dijo:

    Puedo guiarte respecto a la familia de tu bisabuela Delia Casas, hermana de mi abuelo Cornelio Casas. m padre se visitaba con Coco Meana pero no lo he podido ubicar , ni tampoco a su famlia directa, me gustaría que me nformes si tienes contacto.

    • Teofilo F. R. Meana Alconada dijo:

      Graciela, muchas gracias por tu respuesta. Coco Meana, Oscar, era hermano de mi abuelo. O sea soy sobrino nieto. El no tuvo descendientes. Murió aproximadamente en el año 1982 o principios del 83. Con relación a los Casas me ha resultado mucho mas facil seguir la linea de toxdas formas me gustaria que me cuentes. Te mando un beso. Teófilo

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