Septiembre lluvioso

 

13 de septiembre de 1963 en La Felguera-003Aquel 13 de septiembre, la lluvia se derramaba con furia sobre el asfalto. Una cortina opaca de agua impedía ver los edificios al otro lado de la calle. Las casas no existían, solo la cerrazón. Con la nariz pegada a los cristales de la ventana de la cocina, una niña vestida con un pijama de franela azul, apretaba con fuerza los ojos, en un intento pueril, pero determinado, de atravesar con la mirada, ese mundo líquido y gris en el que se había despertado, sin conseguirlo.
La Felguera se había diluido y escurrido por las alcantarillas de la noche, así que no podría bajar a la pérgola a jugar. Aparentemente, la lluvia se había tragado la carretera, el edificio donde vivía la abuela de Elena, el bar de Blanca, la barbería del padre de María José, la estación y hasta el chamizo del hombre del saco, con el que tanto la amenazaba su mamá, cuando no comía.
Hasta que, dentro de lo malo, eso estuvo bien, adiós hombre del saco, pensó la niña del pijama azul, para enseguida decidir que no quería ver cómo se había quedado el mundo, desde las ventanas del otro lado, las que daban a la pérgola.
Además, caviló consigo misma, por qué tienen que ocurrir estas cosas cuando no tenemos colegio, y en plenas vacaciones de verano. Claro que, razonó sin demasiada convicción, si los edificios de enfrente han desaparecido durante la noche… pues, a lo mejor, quién sabe…
La chiquilla casi no se atrevía a formular verbalmente la pregunta, el corazón le latía a toda velocidad, con un barullo semejante al chacacha de los trenes que paraban, en esa estación que ahora no veía, y la llevaban a Gijón a casa de la abuela… ¿y si la lluvia se lo hubiese tragado…? , se oyó decir, casi, casi, en voz alta. ¿Y si el colegio se hubiese derretido, y ahora sirviese de abono a las lechugas de las huertas que hay a su alrededor?, ¡Pues menudas lechugas más empollonas que iban a salir de allí!, exclamó sin lograr reprimir una carcajada. Pero no, seguro que no, se repitió a sí misma. Esas cosas no ocurren de verdad, por mucho que, por las noches, se lo pidas a las hadas. La verdad es que las hadas esas de los cuentos, solo quieren ahijados príncipes o princesas, no amadrinan así, sin más ni más… por muy langreanos, o muy virusos que hayamos nacido. Sí, sí, muy elitistas me parecen a mí, esas tales señoras.
Y sin más, la niña del pijama de franela azul se fue a la habitación a cambiar de ropa, porque, con lluvia o sin ella, estaba segura de que su mamá la iba a mandar a los recados, y como todo el mundo ya sabe, a una recadera, ni las hechiceras hacen caso…
Le sobresaltó el sonido agudo y desabrido del timbre. Observó los pasos rápidos de su madre, en dirección a la puerta, con el brazo estirado, iniciando el gesto de abrirla, metros antes de llegar a ella. No deseaba, por nada de este mundo, que un nuevo y estridente timbrazo despertarse al más pequeño de sus hijos, quien dormía tranquilo en su cuna, sin sospechar que La Felguera se estaba deshaciendo en lluvia.
-Quién se habrá atrevido a salir de casa con la que está cayendo, se preguntaba a sí misma la niña, cuando doña Honorina entró en la cocina pingando respuestas en las baldosas. Entonces recordó que ese día, además de lluvioso, había amanecido viernes o, lo que era lo mismo, día de costura, de plancha, de novelas radiofónicas, de cocido madrileño y de historias de la guerra civil, lejana para ella, pero aún demasiado cercana para quienes la habían vivido.
A mediodía, la lluvia había dado una tregua, y como ya lo había previsto, su madre aprovechó para mandarla a la carnicería de Constante y a la tienda de Conchita.
Salió de casa con un paraguas, que odiaba, una cartera con cien pesetas, una bolsa de plástico y el papel donde su mamá había anotado los productos que necesitaba. Cerró la puerta con cuidado, para no despertar a su hermano, y bajó las escaleras como siempre, a toda velocidad. Tal vez por eso, Aladino, el vecino del tercero izquierda, le aconsejó que las bajase más despacio: no corras tanto katiuska, acuérdate de cuando caíste por las escaleras y rompiste la barbilla.
Aunque continuó bajando las escaleras de dos en dos, instintivamente acarició la cicatriz. Sí, todavía le dolían los puntos, pero era tan emocionante volar escaleras abajo…
Las calles del barrio estaban llenas de charcos y de lodo, pero no habían desaparecido. La Pérgola continuaba allí, mojada, sí, chorreando agua por sus columnas, de acuerdo, pero estaba ahí, frente a ella, enterita, con todos sus bancos, esperando que saliese el sol y la secase. Y sí la pérgola continuaba allí, La Felguera también permanecería en su debido lugar, con todas sus calles, con la casa de la abuela de Elena y su gato de angora asomado a la ventana, con el bar de blanca y la barbería del padre de María José, con la estación y con la casucha del hombre del saco, que no todo iba a ser alegría…
Se sentía entusiasmada y feliz por haber recuperado su pueblo, no tanto por el colegio, claro. Pero, como aún quedaban tres semanas de vacaciones…
Cuando, finalmente, salió del portal con el paraguas en la mano, a modo de lanza, corrió hasta el primer charco y saltó. Un surtidor de agua le salpicó las pantorrillas. Miró y no vio a nadie. Su madre tampoco estaba en la ventana. Debía estar dando de mamar a su hermano, y eso llevaba un buen rato. Era libre. Calculó cuantos charcos había y los saltó todos, no dejó escapar ninguno… saltaba y caía de pie en lo más hondo, justo en el centro, para que chiscase.
-Pena que nadie me vio, se dijo a sí misma, antes de entrar, toda modosa, en la carnicería.
Algunos días después, cuando comenzó el colegio, una amiga le comentó que su hermano, bastante más atrevido que ella, había navegado las calles, vestidas de ríos, sobre la bicicleta. Y llevó la foto, como prueba. Es ésta.

El Año 1963 se destaca porque:
El día 2 de junio a las ocho de la mañana nace Urrechu Meana,
y además
El día dos de marzo, la URSS lanza la sonda lunar Luna 4.
El día 11 de abril se publica en Roma la encíclica Pacem in terrís.
El 20 de abril, Julián Grimau es condenado a muerte y fusilado.
El día 15 de mayo, EE UU lanza la nave espacial Mercury 9
El día tres de junio fallece el papa Juan XXIII
El domingo, 14 de julio, el Gobierno de Franco aumenta el precio del pan
El día 25 de julio, Los trabajadores de las empresas metalúrgicas de Mieres se unen a las huelgas de Oviedo y Gijón. En las minas se trabaja a ritmo lento.
El 29 de julio, estallan dos bombas en Madrid: una dentro de la Dirección General de Seguridad y otra junto a la sede de Sindicatos.
El día 30 de julio, España ingresa en la GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio)
El 18 de agosto, son ejecutados, a garrote vil, Francisco Granados y Joaquín Delgado, los dos jóvenes anarquistas acusados de colocar las bombas en la DGS y en la sede de Sindicatos.
El día nueve de septiembre, con la incorporación al trabajo de los mineros sancionados, finaliza una huelga que se extendió por prácticamente todas las minas de Asturias, y duró dos meses
El 17 de septiembre, un enorme temporal provoca graves inundaciones en Valencia, que causan la muerte de diversas personas.
El 26 de septiembre, España renueva, con el gobierno de Washington, los acuerdos sobre las bases de EEUU en territorio español.
El 25 de octubre, el Banco Mundial concede su primer crédito a España: 33 millones de dólares
El cinco de noviembre, muere en México, Luis Cernuda.
El 22 de noviembre es asesinado en Dallas (Texas), el presidente de los Estados Unidos,  John F. Kennedy.
El 15 de diciembre, Guinea Ecuatorial decide su autonomía, en referéndum.

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