JUEGOS DE AZAR

Sonhos

No abrió la ventana,
no se levantó,
no quiso echar las cartas,
no las jugó.
Temía la neblina de los amaneceres.
Sobre todo, a esa especie de rubor,
que sonroja las mejillas trasnochadas de la noche,
poco antes del día llegar.
Ella venía de un lugar donde las orillas se besan despacio,
donde pálidas arenas acarician las olas,
donde los amantes cosen el tiempo con suspiros,
y la luna se baña desnuda al anochecer.
Venía de un lugar que olía a almizcle,
y a rosas y a canela y a clavo y a jazmín.
Un lugar donde los sueños soñaban con despertares,
lentos y perezosos, tatuados en la piel.
Tal vez fuese por eso, que
ni abrió la ventana,
ni se despertó.
Sonámbula, se abrazaba a la noche
y hundía su rostro en la almohada.
Temía la soledad de los encuentros,
el humo vacío de las citas a ciegas,
la mentira piadosa escrita en el espejo,
el maquillaje borrado, y el auto-engaño.
Y es que ella,
ella venía de ese lugar donde
el viento acaricia la hierba,
para que los amantes
reposen tranquilos al atardecer.
De ese lugar que huele a geranios,
y a lavanda y a hierbabuena y a tomillo y a laurel.
Ese lugar donde el amor se despierta despacio,
y pestañea arrobos de algodón…
Pero ella nunca quiso despertarse
ni abrir la ventana,
y jamás jugó…
¿sus cartas?
Ah, sus cartas continuarán
perdidas, para siempre,
dentro de algún cajón.

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