La escalera de la luna

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I
Las escaleras están para subirlas,
para subirlas pausadamente,
de una en una,
para subirlas corriendo,
de dos en dos,
para saltarlas
de cuatro en cuatro…
Las escaleras están para subirlas,
para subirlas con los pies descalzos,
desnudos de miedos,
de ayeres , de mañanas…
para subirlas íntegros,
vestidos de ahora.
Para subirlas con el cuerpo entero.
Las escaleras están para subirlas
con el corazón enganchado en el alma…
y la mirada prendida en el infinito.
Están para subirlas.
¡Para subirlas!
Aunque los peldaños observen el vacío,
te dejen sin aliento,
y desamarren el brillo de tus pestañas,
las escaleras están para subirlas.
No para contar sus escalones rotos
e infinitamente finitos,
ni para enumerar los sueños no vividos,
las ilusiones olvidadas,
las utópicas quimeras,
o las pesadillas…
Las escaleras están para subirlas,
para llegar a esa Luna altanera
que vive en lo más alto…
A esa Luna que te llama,
que grita tu nombre:
¡AMOOOR!
II
Desde la cara oculta del miedo,
su voz retumba en las cornisas
cristalinas de las estrellas,
se viste de arcoíris,
y centellea su luz en las diáfanas pupilas del sol.
Las escaleras están para subirlas,
sin contar las piedras del camino,
ni los escalones…
Los números juegan al escondite
en algún rincón de la memoria…
Vivimos en el tiempo de los relojes,
olvidados debajo de la almohada.
Un tiempo escaso de escaleras
y pleno de ascensores.
¿Cómo alcanzar, entonces, esa Luna
que habita en el rincón más oscuro
de tu morada?
¿Cómo alcanzar esa Luna,
que navega desiertos e, indolente,
sin prisa, iza la vela mayor,
ondea nuevos firmamentos…
y sube, sube, por el cielo de las escaleras?
Desde lo alto, esa Luna
nos observa con su catalejo
de nube y suspira,
nos mira y, roja de espanto, se esconde
donde nadie la vea llorar.
El sonido de su sollozo
rasga la sobriedad de un cielo
nocturno, vacío de luz.
Ocasionalmente, se viste de neblina,
como una novia,
aunque hace mucho tiempo ya
que nos dejó de amar.
Fue una noche de menguante Luna,
mientras dormitaba en su habitación,
que un intruso cobarde y sin rostro ,
le robó escalera… y el corazón.
Desde entonces recorre la noche en su busca,
mientras, insistentemente, tararea la misma canción:
Las escaleras están para subirlas
de una en una o dos en dos.
Las escaleras están para subirlas
con el corazón enganchado en el alma.
Las escaleras están para subirlas.
Están para subirlas.
Para subirlas…
Las escaleras

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