Nostalgia


La encontré en la cocina limpiando el pixín. Tenía una tirita ensangrentada en el dedo indicador derecho, siempre consigo cortarme, me dijo a modo de buen día cuando me sintió abrir la puerta. Me acerqué a darle un beso y me pareció extraño, pues habitualmente yo no soy de besos matinales. Estás soñando me explicó ella con normalidad y en los sueños, continuó, nos mostramos como realmente somos. Anda, hija, ven que te dé un abrazo, que sabe Dios cuando volverás a soñar conmigo de nuevo. Busqué el móvil en el bolsillo para sacar una selfi con mi madre, pero no lo encontré. Aún no lo han inventado, me dijo con tono de disculpa. Entonces miré el calendario que estaba colgado en una de las paredes de la cocina y, ansiosa, procuré en qué año estábamos dentro del sueño. Pero en los sueños el tiempo funciona de otra manera, y el calendario del mío solo tenía un mes: diciembre. Estamos a 24, esta noche es Nochebuena y mañana Navidad dame la bota María… tarareó mi madre sin darme tiempo a pensar y, sin parar de cantar, me abrazó la cintura. Yo, con la mirada encendida por la nostalgia, me abracé a ella con todas mis fuerzas y la acompañé a pleno pulmón, ande, ande, ande la marimorena, ande, ande, ande que hoy es Nochebuena.

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