Edades

En el rincón donde el tiempo duerme,
los visillos guarecen el hálito yermo
de la soledad.
El tiempo no existe,
le dijo la luna.
Es un ideograma,
un concepto abstracto,
un símbolo,
un puente donde las edades transitan,
una ventana abierta,
un agujero negro.
El tiempo es como ese viento que
silbotea entre las hojas,
y nadie ve.
Es una quimera.
Pero cuando el sueño se despereza,
el día amanece y las edades desfilan.
Caminan despacio, van casi de incógnito,
se paran para observar…
después corren.
Corren porque el tiempo se desvanece,
corren para que, dentro de su mirada,
el tiempo las vea etéreas.
Corren las edades,
corren.
La piel se marchita detrás de los cristales,
un limo estéril ennegrece las uñas,
sombras chinas emanan de la pared.
Zurzo cicatrices y en cuanto
hilvano todas mis edades,
la vida se eterniza
dentro de mi mirada.
Me percibo inmaterial,
aunque las zapatillas aún conserven
las huellas de mis pies.
Sobre el puente del tiempo,
las tablas balancean.
¿Cuántos años cosí?
¿Cuántos días bordé?
¿Dónde está el bastidor de las vidas borradas?
¿en dónde el hilo que con la rueca deshilé?
Las edades desfilan dentro de los espejos,
El tiempo juega con la luna,
teje encajes de minutos en su piel.
Pero las edades emborronan
el rímel miope de mis ojos,
empalidecen el rouge,
extinguen los sueños
sofocan los despertares.
Las edades anidan en el tiempo
intangible de la soledad.
De esa soledad que, como un hálito amargo,
amarillea las hojas y me dice que,
al igual que el tiempo,
soy un espejismo,
un reflejo febril de mi propia mirada,
porque yo, quien os habla,
no existo.

 

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Lluvia de verano

 

Llueve,
el cielo llora
pero el verano resiste,
treinta grados a la sombra,
la hierba del jardín se ríe.
Pozas a estrenar
para los zapatos nuevos.
El viento acelera las ramas
del árbol reflejado en la ventana,
su tronco treme de desasosiego,
¿hacia dónde partirán las hojas,
después de la tormenta?
El día no ha pagado,
su recibo de luz… y
la noche se ha instalado.
Afuera, pies desnudos
moldean el barro…
Llueve a los trompicones,
las nubes transpiran,
la tierra exhala el vaho de sus entrañas.
sudor y lluvia empapan
la piel de los transeúntes,
las aceras se ahogan,
en el desbocado sunami de las calles.
El verano se eterniza,
porque el otoño falta a su cita:
La ha olvidado.

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La Rosa y la Luna o los delirios nocturnos de un alma insomne

Diecinueve pétalos vestían
A la seductora rosa de pálido té.
Mayo en los soportales,
El sol en el estanque…
Las palomas se esconden,
Cuando el viento airea rumores
Y una sombra cruza la esquina
Del cine Astur.
Se enamoró la rosa
Se enamoró de los sueños,
¡No la despiertes!
Cuéntale tu pesadilla.
Háblale de cómo esa luna sonámbula,
Sueña con los cuerpos dormidos de las estrellas.
Dile como les graba en la piel,
El relámpago indeleble de su huella.
De cómo deambula, solitaria,
la luna errante…
Sí, el firmamento es su pista de skate.
Y en cuanto ella se desliza sobre un cometa azul,
Marte le guiña un ojo,
Urano le ofrece un anillo,
Júpiter la invita a bailar.
Apenas Venus la observa en silencio,
No la quiere despertar.
Vaga la luna por los lácteos meandros de la galaxia,
La oscuridad amortigua el brillo
De las miradas celosas.
La noche se transmuta en melodía,
La luna se empapa de rocío,
La rosa sueña con el sol.
Eclipsada, la luna se extravía,
Oscurece para que no la veamos.
Ella sí nos ve.
Nos ve y estira la mano
En busca de una caricia…
Que no alcanza.
Tampoco la rosa.
Resentida y sola se quedó la luna.
Nos ve, pero, como no la miramos,
Se arranca los ojos… y los pétalos.
Al Alba, mientras la vida se despierta y los sueños adormecen,
La rosa desviste su soledad,
La luna arropa su melancolía…
Y una sombra cruza, furtiva, la esquina del cine Astur.
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La ventana de los sueños marchitos

Siempre me intrigó la mujer que vivía encerrada en el cuerpo de aquella anciana. Y aunque nunca supe quién era, pasé a visitarla con cierta asiduidad. Parecía enredada en un laberinto de recuerdos entrelazados con ensoñaciones, que enseguida olvidaba. Su lugar favorito era el sillón a lado de la ventana. Las horas pasaban sin que percibiese el denso arrastrar de los segundos, ni su soledad. Hablaba con el viento… con las hojas que se desprendían de los árboles… con el amanecer. Por las noches se hacía la remolona, “un último cava y ya me voy a dormir”, murmuraba. En otro tiempo sus ojos debieron ser tan azules y rutilantes como una mañana de primavera. Ahora su mirada estaba llena de sombras y telarañas… los médicos decían que tenía cataratas y ella les respondía con un mohín y el leve giro de mano con el que solía decirnos adiós. Nadie sabía su nombre, pero tenía ademanes de princesa y sonreía cuando alguien la trataba de majestad. Ayer, después tomar las tradicionales 12 uvas, con las que los españoles marcamos el inicio de un nuevo ciclo, solicitó que alguien la llevara hasta el piano. Dijo que precisaba cantar: “Every time we say goodbye I die a Little…” Hoy la silla de la ventana que da al patio de luces amaneció vacía y el muro de la casa vecina me pareció más gris.

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Sequência

Labirinto de portas abertas
Infinitas
Portas
Caminhos de estrelas
Túneis do tempo
Universo
Reminiscências de um tempo sem memória
Universo que se autogera
Permanentemente
Espiral sem fim
Um dois três cinco oito treze vinte um                                                                                                Sequência
Preenchida de espaços nebulosos
Ontem Hoje Amanhã
Pétalas da mesma flor
Entrelaçam-se
Misturam-se
Confundem-se
O tempo é o presente continuo do Universo
Partícula sutil que vive na molécula dum segundo
Abraço de Alfa e Ômega
Porta de entrada
Lar
Sol e Lua se encontram às escondidas
Amam-se
Eclipsam-se
Perfume de Almíscar
Cratera
Pele
Existe amor no Universo, perguntas?
A lua chora estrelas quando a noite afasta-a do sol
Mas depois o dia surge ardente
Nasce o calendário
Será o tempo produto do amor
Ou uma invenção daqueles que deixaram de amar?

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Existencia

Soy una huella,
el aliento de una quimera
que el viento apaga,
una mota de polvo en el ojo de la luna,
un vacuo sideral.

Soy el sueño corpóreo de algún alguien,
una mera ilusión de sangre y músculos,
un pensamiento cristalizado,
una metáfora de carne y huesos,
un algoritmo…

Soy la arena del desierto,
el barro de la encrucijada,
la lluvia que habita la nube
la ola que alimenta el vértigo,
y la roca que nutre la montaña.

Soy la imagen reflejada en el espejo,
la suma que divide y multiplica,
la voz contradictoria del deseo,
el rubor que se enciende en la penumbra,
el eco sempiterno del silencio

Soy el vacío y la abundancia,
la carencia y el exceso,
el avidez y la apatía,
el inicio y el ocaso
el amor y el menosprecio: Soy la Nada

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Indigestión

Las letras se me descuelgan de la memoria…
Flácidas, se incrustan por los recovecos de las estrías,
Se esconden entre las curvas gelatinosas del cerebro…
Se pierden.
Me atraganto de letras,
Las consonantes me asfixian,
Me sofocan las vocales,
Una interrogación se engancha a las amígdalas,
Intenta un salto mortal.
Una exclamación se clava en la encía,
En el hueco deshabitado de algún molar,
Mastico una coma que corretea por el cielo de la boca,
Suspendidos, los puntos hacen juegos malabares entre los dientes,
Las letras se mayusculinizan,
¡Me ahogan!
No consigo engullirlas.
Las escupo.
Entonces toso viento… y vuelan las palabras.

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